Myanmar
Cuando alguien te habla de Myanmar, la antigua Birmania, un país bajo dictadura y sin libertad de expresión, uno se imagina un lugar tomado por los militares. Y después de leer y escuchar muchas opiniones te planteas si es adecuado ir o no.
Con el pago del visado, la entrada en los lugares turísticos y demás estas financiando al régimen y al mismo tiempo hay quien dice que les estas dando tu aprobación al no hacerles boicot. Por otro lado, la única manera de saber lo que pasa realmente es yendo, y casi el único contacto que tiene la población con el resto del mundo es a través de los turistas. Yo me decidí sin dudar por la segunda opción.
A pesar de que te cuentan que hay presencia policial, ni la ves ni la sientes y viajar por Birmania resulta fácil aunque agotador. Como turista sólo tienes permitido viajar por el centro del país así que todos los extranjeros hacemos el mismo recorrido. Las carreteras son malas y las distancias largas, cualquier desplazamiento significa 10 o 15 horas de autobús, así que hay que asegurarse de que sea confortable y tenga aire acondicionado sino el camino llega a ser una tortura. Utilizar transporte y alojamiento no gubernamental es fácil si vas de mochilero y tus exigencias no son altas, y el dinero va directamente a la población.
Myanmar es la vuelta pasado, a la antigua usanza. Tienes el privilegio de ver como se vivía a principio del siglo anterior. No hay pobreza ni miseria, se sienten orgullosos de sus costumbres, de su vida sencilla, sus valores y su país, aunque si existe la necesidad constante de hablar sobre su falta de libertad de expresión y recuerdan con tristeza los tiempos de bonanza antes de la dictadura, cuando su moneda era fuerte y su país rico.
Los hombres vestidos con camisa y longyi, una especie de falda de cuadros larga y ceñida, resultan elegantes y atractivos. Las mujeres van parecidas al resto de Asia, falda larga y blusa pero les distingue un maquillaje bastante peculiar. El thanaka es el tronco del Sándalo mezclado con agua con el que se pintan dos grandes cuadrados amarillos en las mejillas que les da un aspecto gracioso e infantil. Hombres y mujeres tienen casi los mismos derechos y ambos están muy pendientes y cuidan con mimo y dedicación a los niños.
Las casas ya sean básicas o sofisticadas están fabricadas íntegramente de bambú trenzado, son resistentes, frescas y muy bonitas. En las calles polvorientas y sin asfaltar te cruzas con monjes, mujeres sosteniendo objetos en la cabeza, carros tirados por bueyes, carruajes de caballos, bicicletas y trishaws junto con decenas de motos a las que les dan un uso poco convencional. La familia entera, con las compras, la mercancía para vender, la madera y todo aquello que necesiten se desplaza encima de un ciclomotor que hace equilibrios evitando los baches y agujeros.
El reparador de paraguas, el sombrerero, la modista, la telefonista con un taburete, una mesa y un teléfono en la calle en el que la gente se para llamar, hacen que las cosas tengan sentido. La gente tiene un oficio, crean y reparan alargando así la vida de los objetos, alejándose del usar y tirar. Esta vida sencilla se mezcla con DVD en la peluquería, teles de pantalla plana en las casas de bambú y antenas parabólicas en los monasterios para ver los partidos de fútbol en Europa, de los cuales son grandes fans, pueden decirte cualquier alineación o resultado de un partido. Explicado así parece una contradicción, las dos culturas, la antigua y la nueva, conviven a la perfección.
Yangon, su antigua capital, dista mucho de ser una ciudad cosmopolita aunque comparado con el resto de país es una ciudad moderna. Internet se interrumpe cada dos minutos, hay electricidad pocas horas al día y los cortes son frecuentes así que en la mayoría de lugares usan generadores o baterías de coche. La gente hace vida en la calle, llena de puestos de comida con unas mesitas y sillas de miniatura que para los europeos altos resulta complicado sentarse. El turismo no abunda, te paran para hablar, te sonríen y saludan constantemente por la calle como si fueran parientes o conocidos. No les importa que les hagas fotos, solo quieren que se la enseñes y si tienen cámara te pasas 15 minutos posando con toda la familia.
Conversar con el monje director de un monasterio, ver huertos y poblados flotantes, ser maquillada por una mujer birmana en el medio de un campo, ir rio abajo durmiendo en la cubierta de un barco, descubrir templos en bicicleta, compartir whisky local o zumos de fresa con un gran compañero de viaje, son algunas de las cosas que he hecho en 3 semanas en Birmania y que se mezclan con una imagen no tan grata del país. Naturalmente sabía que no era la mejor época del año para visitar Birmania pero no esperaba encontrar un paisaje tan desolador. Las montañas marrones, polvorientas y llenas de arboles pelados, los campos quemados preparándose para plantar las nuevas cosechas y los 40 grados secos y asfixiantes, hacen que te cueste encontrar la motivación para visitar, hacer trekking o recorrer.
Para evitar la decepción, si alguien se está planeando Myanmar como próximo destino, le recomendaría venir después de la época de lluvias, cuando todo es de color verde y lleno de vida.
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Datos prácticos
1 dólar=990 kyats (marzo 2010)
A Birmania solo se puede entrar por aire, es necesario visado y la estancia máxima es de 28 días. Es importante tener en cuenta que el país no tiene cajeros automáticos así que es necesario entrar con los dólares en mano.
El alojamiento y las actividades se pagan en dólares americanos el resto de los gastos en moneda local, Kyats. El mejor sitio para cambiar dinero es el mercado de Yangon aunque hay que tener cuidado con los timos. Lo más recomendable es cambiar en alguna de las tiendas y no en la misma calle. Contar bien el dinero y no entregar los dólares hasta que no estemos conformes. Los dólares tienen que estar impecables, solo con tener la marca de estar doblados por la mitad ya no los aceptan. Por el contrario los billetes de 100 y 200 kyats están sucios y rotos pero no tienen problemas en aceptarlos por todas partes.
El precio de la habitación individual va entre 7 y 10 dólares americanos la noche. La habitación doble ronda entre 10 y 12, dependiendo de si el baño es compartido y si tiene aire acondicionado o solo ventilador. Todos los alojamientos incluyen desayuno y no hay dormitorios comunitarios.
La comida birmana es buena aunque no tiene nada de particular. Comer en la calle es barato, un plato de arroz o fideos cuesta unos 1500 kyats. Una botella de agua unos 300 y una cerveza, dependiendo de la marca los 1000-1200 kyats. El whisky local, aunque increíblemente malo, se puede comprar por 500 kyats la botella.
Con unos 300-400 dólares, dependiendo si se hacen compras o se cuantas cervezas se tome, hay mas que suficiente para unas tres semanas en el país.
