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Cuidado que viene inés!

Inés por el Mundo... El Mundo visto por Inés!

En fila india con las bragas en los tobillos

Aviso importante, este post no es para todos los públicos y puede herir gravemente la sensibilidad de algunos lectores. Dicho esta entramos directamente en el turbio y oscuro mundo de los lavabos en China.
Después de unas horas en el país de la gran muralla sientes la necesidad de ir al baño, lo buscas, lo encuentras, abres la puerta, la cierras de nuevo, miras alrededor, no puede ser cierto, es eso el lavabo? Y la respuesta es si. Abres de nuevo la puerta y caminas lentamente por un pasillo con cubículos a ambos lados separados entre si por un muro de unos 60 centímetros, y sin puerta. Pasas entre mujeres agachadas hasta que encuentras un espacio vacío con una trinchera en el suelo que comunica todos los lavabos y ves como entre las piernas te pasa un hilo de agua con todos los regalos del resto de féminas. Aprendes rápido a situarte en el primer lavabo así el resto pueden disfrutar de tus delicias. Todo controlado. Pero que pasa cuando en la trinchera no corre agua? Hablando en plata, la mierda se acumula.
Bebes menos intentando reducir el numero de visitas a Mr. Asco pero ya no puedes más, el autobús para, te armas de valor, total ya no puede ser peor. Pero te equivocas. Entras en una caseta con un cuadrado de dos metros por dos metros, veinticinco centimetros de hondo y cubiertos por cinco tablones separados un palmo entre si. Unas diez mujeres, en fila india, con los pantalones bajados y un pie en cada tablón aprietan más o menos en función de la necesidad. Todo se acumula. Lleno de compresas y moscas, es la primera vez en mi vida que preferiría ir al lavabo de hombres.
Y te preguntas como en una acción tan cotidiana pueden participar tantos sentidos? Olfato, vista, tacto, oído y casi gusto se unen en el acto de evacuar.

Ps: He puesto solo las fotos de los lavabos mas decentes. Thanks Marisa for allow me to take this picture!

China, un gran parque temático

Sólo bajar del avión pasé del infierno al paraíso y a pesar de ir en plena época de lluvias, Tailandia no decepcionó. Esta vez nos fuimos a la desconocida Koh Mak, una isla completamente virgen y todavía por descubrir. Durante días fuimos los únicos turistas del lugar. Entre chaparrón y chaparrón recorrimos la isla en moto, nos quedamos atrapados en charcos de barro, encontramos elefantes en medio de la selva, hicimos snorkel, submarinismo, cogimos almejas para cenar, y admiramos las puestas de sol desde el bungalow delante de la playa.

Llegué a Hong Kong con las pilas cargadas y lista para el nuevo destino. La idea era utilizar esta ciudad de puente para conseguir el visado chino y comprar y reponer lo necesario (porque no he cambiando, sigo rompiendo y perdiéndolo todo). Sin embargo Honk Kong me impactó y exploramos la ciudad durante casi una semana, llevándome a la ruina absoluta.

Hong Kong es la ciudad de las compras, un gran centro comercial con luces y rascacielos, donde todo es posible. Nunca había visto tantas tiendas de lujo juntas, Lowe, Chanel y Rollex substituyen a los Zaras, Mangos y H&M de Barcelona. Como consecuencia todo es caro, muy muy caro, especialmente cuando uno esta habituado a los precios del Sudeste Asiático. Habitaciones cajas de cerillas por 28 euros la noche, eso si limpísimas, con wifi y televisión.
Pero la ciudad tiene mucho más que ofrecer. Al estar rodeada de montañas e islas, en quince minutos estás estirado en una magnífica playa o caminando en medio de un denso bosque. Sin olvidar la imprescindible visita a Victoria Peak desde donde se observa toda la ciudad.

Con visado en mano, cogimos el metro y cruzamos a China, si si si increíble, se cruza la frontera en metro. En un abrir y cerrar de ojos pasas del lujo al caos, del algodón no engaña a los escupitajos en el suelo, de los lavabos con mayordomo a los agujeros en el suelo, de las corbatas y los tacones a los pantalones y camisas remangadas. Y sabes que estás en China.

Quien me dijo que los vietnamitas eran como los chinos, o no visito los dos países, o vivió experiencias muy diferente a las mías. Si bien es cierto que el turismo domestico es parecido y que convierten cualquier lugar en un parque temático, los chinos son alegres, honestos y están siempre dispuestos a ayudar.

El itinerario inicial era ir subiendo de Hong Kong a Beijing pero por mil y una razones lo hemos ido cambiando completamente cada pocos días.
Las distancias son enormes, el transporte caro (comparado con el resto de países de Asia) y la entrada a los lugares un abuso (incluso comparado con Europa), ante este panorama decidimos cambiar la manera habitual de viajar.
A los extranjeros no se les permite conducir así que en lugar de alquilar una moto, hacerte un recorrido e ir parando por el camino, te pasas de siete a quince horas en un autobús para llegar a un único pueblo, que como normalmente no esta comunicado con otros, has de regresar al punto anterior para ir al siguiente. Hemos intentado movernos poco e ir a lugares que haya mucho que hacer. Nos dirigirmos a las ciudades o pueblos importantes y los utilizamos de base para recorrer la provincia. Dejamos la mochila grande y nos llevamos lo necesario para dos o tres días, regresamos, cambiamos de ropa y volvemos a irnos otros dos o tres días, así que más o menos pasamos una semana en una zona antes de movernos.

La mayoría del turismo en China es nacional, con pocos extranjeros, los lugares están orientados a sus necesidades, y sus gustos difieren mucho de los nuestros. Para ellos no tiene sentido viajar solo. Viajan en masa, en grandes autobuses, con un guia con micro y sujetando una banderita, todo un espectáculo. Destruyen y reconstruyen los pueblos antiguos porque nuevos son mas bonitos y asfaltan todos los caminos para poder llegar en coche. Así que tu llegas sudada, sucia y destrozada a la cima de un 3000 y te encuentras un teleférico con chinas monísimas con vestidos y tacones.
La parte buena es que como no les gusta el deporte y no caminan para no sudar, en cuanto alquilas una bici o caminas unos pocos pasos sales de Disneyland y llegas a lugares increíbles. En regiones de Yunan, Sichuan, Quinhai, Xinjiang, todavía hay lugares remotos con pueblos donde ves jugar al mahjong a mujeres vestidas cada una con el traje típico de una tribu.

La sensación que me ha dado es que China, una de las civilizaciones mas antiguas y sabias del mundo, ha perdido su cultura. Ellos viven para trabajar, tener grandes coches, casa bonitas, ganar mucho dinero y llevar a cenar a sus mujeres vestidas como princesitas. Ellas se ríen por todo y son delicadas flores que viven el amor como quinceañeras.

Viajar por China es fácil y cómodo pero mucho menos excitante de la que esperaba.
El transporte es eficiente y el alojamiento es uno de los mejores que he visto, con una red internacional de Albergues de Juventud impresionante. Limpios, con salas de televisión, terrazas, wifi y todo lo que puedas soñar. Baratísimo si duermes en dormitorios, entre 2 o 3 euros la noche, pero si quieres una habitación has de estar dispuesto a pagar entre 10 y 15 euros.
Pero los lavabos…son un tema aparte que merecen el próximo post entero.


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