Sólo bajar del avión pasé del infierno al paraíso y a pesar de ir en plena época de lluvias, Tailandia no decepcionó. Esta vez nos fuimos a la desconocida Koh Mak, una isla completamente virgen y todavía por descubrir. Durante días fuimos los únicos turistas del lugar. Entre chaparrón y chaparrón recorrimos la isla en moto, nos quedamos atrapados en charcos de barro, encontramos elefantes en medio de la selva, hicimos snorkel, submarinismo, cogimos almejas para cenar, y admiramos las puestas de sol desde el bungalow delante de la playa.
Llegué a Hong Kong con las pilas cargadas y lista para el nuevo destino. La idea era utilizar esta ciudad de puente para conseguir el visado chino y comprar y reponer lo necesario (porque no he cambiando, sigo rompiendo y perdiéndolo todo). Sin embargo Honk Kong me impactó y exploramos la ciudad durante casi una semana, llevándome a la ruina absoluta.
Hong Kong es la ciudad de las compras, un gran centro comercial con luces y rascacielos, donde todo es posible. Nunca había visto tantas tiendas de lujo juntas, Lowe, Chanel y Rollex substituyen a los Zaras, Mangos y H&M de Barcelona. Como consecuencia todo es caro, muy muy caro, especialmente cuando uno esta habituado a los precios del Sudeste Asiático. Habitaciones cajas de cerillas por 28 euros la noche, eso si limpísimas, con wifi y televisión.
Pero la ciudad tiene mucho más que ofrecer. Al estar rodeada de montañas e islas, en quince minutos estás estirado en una magnífica playa o caminando en medio de un denso bosque. Sin olvidar la imprescindible visita a Victoria Peak desde donde se observa toda la ciudad.
Con visado en mano, cogimos el metro y cruzamos a China, si si si increíble, se cruza la frontera en metro. En un abrir y cerrar de ojos pasas del lujo al caos, del algodón no engaña a los escupitajos en el suelo, de los lavabos con mayordomo a los agujeros en el suelo, de las corbatas y los tacones a los pantalones y camisas remangadas. Y sabes que estás en China.
Quien me dijo que los vietnamitas eran como los chinos, o no visito los dos países, o vivió experiencias muy diferente a las mías. Si bien es cierto que el turismo domestico es parecido y que convierten cualquier lugar en un parque temático, los chinos son alegres, honestos y están siempre dispuestos a ayudar.
El itinerario inicial era ir subiendo de Hong Kong a Beijing pero por mil y una razones lo hemos ido cambiando completamente cada pocos días.
Las distancias son enormes, el transporte caro (comparado con el resto de países de Asia) y la entrada a los lugares un abuso (incluso comparado con Europa), ante este panorama decidimos cambiar la manera habitual de viajar.
A los extranjeros no se les permite conducir así que en lugar de alquilar una moto, hacerte un recorrido e ir parando por el camino, te pasas de siete a quince horas en un autobús para llegar a un único pueblo, que como normalmente no esta comunicado con otros, has de regresar al punto anterior para ir al siguiente. Hemos intentado movernos poco e ir a lugares que haya mucho que hacer. Nos dirigirmos a las ciudades o pueblos importantes y los utilizamos de base para recorrer la provincia. Dejamos la mochila grande y nos llevamos lo necesario para dos o tres días, regresamos, cambiamos de ropa y volvemos a irnos otros dos o tres días, así que más o menos pasamos una semana en una zona antes de movernos.
La mayoría del turismo en China es nacional, con pocos extranjeros, los lugares están orientados a sus necesidades, y sus gustos difieren mucho de los nuestros. Para ellos no tiene sentido viajar solo. Viajan en masa, en grandes autobuses, con un guia con micro y sujetando una banderita, todo un espectáculo. Destruyen y reconstruyen los pueblos antiguos porque nuevos son mas bonitos y asfaltan todos los caminos para poder llegar en coche. Así que tu llegas sudada, sucia y destrozada a la cima de un 3000 y te encuentras un teleférico con chinas monísimas con vestidos y tacones.
La parte buena es que como no les gusta el deporte y no caminan para no sudar, en cuanto alquilas una bici o caminas unos pocos pasos sales de Disneyland y llegas a lugares increíbles. En regiones de Yunan, Sichuan, Quinhai, Xinjiang, todavía hay lugares remotos con pueblos donde ves jugar al mahjong a mujeres vestidas cada una con el traje típico de una tribu.
La sensación que me ha dado es que China, una de las civilizaciones mas antiguas y sabias del mundo, ha perdido su cultura. Ellos viven para trabajar, tener grandes coches, casa bonitas, ganar mucho dinero y llevar a cenar a sus mujeres vestidas como princesitas. Ellas se ríen por todo y son delicadas flores que viven el amor como quinceañeras.
Viajar por China es fácil y cómodo pero mucho menos excitante de la que esperaba.
El transporte es eficiente y el alojamiento es uno de los mejores que he visto, con una red internacional de Albergues de Juventud impresionante. Limpios, con salas de televisión, terrazas, wifi y todo lo que puedas soñar. Baratísimo si duermes en dormitorios, entre 2 o 3 euros la noche, pero si quieres una habitación has de estar dispuesto a pagar entre 10 y 15 euros.
Pero los lavabos…son un tema aparte que merecen el próximo post entero.