Cruzando el Himalaya II
Una de las cosas que más preocupan cuando te planteas ir al Himalaya es el mal de altura. Decidimos desviarnos un poco del camino y en lugar de aclimatarnos en Manag fuimos a los lagos Tilicho. Había que caminar dos días extra, pasar por un desfiladero escalofriante (reconozco que fue la primera vez que pase miedo en todo el viaje), subir por la mañana de 3700 a 4949 metros y volver a domir a 3900, para al día siguiente, levantarte y volver a rondar los 5000. Sin duda fue lo mejor del trekking, las imponentes montañas, el lago, los glaciares, la vista se perdía ante aquella maravilla, no sabías donde mirar.
Deshicimos el camino y nos dirigimos hacia el paso de Torong la a 5416 metros. En teoría esa era la mejor época del año y se suponía que las vistas eran espectaculares. Pero siguiendo con mi relación de amor-odio con el tiempo, cuando me levanté a las 5 de la mañana estaba todo nevado, hacia un frío horrible y la tormenta iba en aumento.
Cuando uno va de vacaciones lleva el equipo adecuado a las circunstancias, pero cuando eres viajero llevas un poco de todo, un mucho de nada y en ese momento añoré el equipo de montaña que tenía en casa y el saco de dormir, ¡vaya frío pasé!
Foto rápida, te a precio de oro en la cima y para abajo, que el descenso iba a ser muy largo.
Una vez abajo nos enteramos que a Mark, otro compañero de viaje, le habían robado las botas. A menos 10 grados y a 5500 metros era un poco difícil conseguir zapatos del 48. Sólo había dos alternativas helicóptero o retroceder 2 días en burro, pero el australiano encontró una tercera opción. Estábamos ya todos en Muktinath, eran las cinco de la tarde quedaba una hora de luz y no sabíamos donde estaba. Empezamos a sufrir. De repente lo vemos aparecer con unos pantalones cortos, unos bastones y dos bolsas de plástico por zapatos, nos miró y dijo: prohibido reírse, que hay para comer, tengo hambre. Las carcajadas y las bromas fueron inevitables, todo el pueblo hablaba de su hazaña, ni tan sólo los guías expertos se lo podían creer. De hecho cuando crucé a India conocí una chica que me contó la historia.
Continué el camino con los 3 magníficos Mark el australiano, Mark (Captain America) el canadiense y Mike el inglés hasta Jomsom donde el primero se fue a Kathmandú en busca de botas, el segundo aumentó el rítmo para llegar a tiempo al circuito del Everest y el canadiense y yo nos embarcamos en una aventura de autobuses sin desperdicio. Nos habíamos quedado con ganas de caminar y en Tatopani iniciamos el trekking al campamento Base del Anapurna.
El cuerpo se había habituado al ritmo y cada día pedía más así que en tan sólo 3 días y medio habíamos hecho el recorrido de una semana.
La ruta es bastante incómoda, has de ir y volver per el mismo camino, sorteando a gordos americanos mayores con porteadores y guías, pero sin duda la recompensa está al final. Las vistas desde el campamento base del Anapurna te dejan sin palabras. Nunca antes he visto algo igual.
Después de tanta sopa de lentejas, volvimos a Pokhara a coger fuerzas, tres días seguidos comiendo entrecot de Yak y de nuevo en ruta. India me esperaba con su festival más importante, Diwali.
¡Gracias a todos mis compañeros de viaje por las fotos!
















