Cargando Imagenes...

Mundo!

Cuidado que viene inés!

Inés por el Mundo... El Mundo visto por Inés!

Cruzando el Himalaya II

Una de las cosas que más preocupan cuando te planteas ir al Himalaya es el mal de altura. Decidimos desviarnos un poco del camino y en lugar de aclimatarnos en Manag fuimos a los lagos Tilicho. Había que caminar dos días extra, pasar por un desfiladero escalofriante (reconozco que fue la primera vez que pase miedo en todo el viaje), subir por la mañana de 3700 a 4949 metros y volver a domir a 3900, para al día siguiente, levantarte y volver a rondar los 5000. Sin duda fue lo mejor del trekking, las imponentes montañas, el lago, los glaciares, la vista se perdía ante aquella maravilla, no sabías donde mirar.
Deshicimos el camino y nos dirigimos hacia el paso de Torong la a 5416 metros. En teoría esa era la mejor época del año y se suponía que las vistas eran espectaculares. Pero siguiendo con mi relación de amor-odio con el tiempo, cuando me levanté a las 5 de la mañana estaba todo nevado, hacia un frío horrible y la tormenta iba en aumento.
Cuando uno va de vacaciones lleva el equipo adecuado a las circunstancias, pero cuando eres viajero llevas un poco de todo, un mucho de nada y en ese momento añoré el equipo de montaña que tenía en casa y el saco de dormir, ¡vaya frío pasé!
Foto rápida, te a precio de oro en la cima y para abajo, que el descenso iba a ser muy largo.
Una vez abajo nos enteramos que a Mark, otro compañero de viaje, le habían robado las botas. A menos 10 grados y a 5500 metros era un poco difícil conseguir zapatos del 48. Sólo había dos alternativas helicóptero o retroceder 2 días en burro, pero el australiano encontró una tercera opción. Estábamos ya todos en Muktinath, eran las cinco de la tarde quedaba una hora de luz y no sabíamos donde estaba. Empezamos a sufrir. De repente lo vemos aparecer con unos pantalones cortos, unos bastones y dos bolsas de plástico por zapatos, nos miró y dijo: prohibido reírse, que hay para comer, tengo hambre. Las carcajadas y las bromas fueron inevitables, todo el pueblo hablaba de su hazaña, ni tan sólo los guías expertos se lo podían creer. De hecho cuando crucé a India conocí una chica que me contó la historia.

Continué el camino con los 3 magníficos Mark el australiano, Mark (Captain America) el canadiense y Mike el inglés hasta Jomsom donde el primero se fue a Kathmandú en busca de botas, el segundo aumentó el rítmo para llegar a tiempo al circuito del Everest y el canadiense y yo nos embarcamos en una aventura de autobuses sin desperdicio. Nos habíamos quedado con ganas de caminar y en Tatopani iniciamos el trekking al campamento Base del Anapurna.
El cuerpo se había habituado al ritmo y cada día pedía más así que en tan sólo 3 días y medio habíamos hecho el recorrido de una semana.
La ruta es bastante incómoda, has de ir y volver per el mismo camino, sorteando a gordos americanos mayores con porteadores y guías, pero sin duda la recompensa está al final. Las vistas desde el campamento base del Anapurna te dejan sin palabras. Nunca antes he visto algo igual.

Después de tanta sopa de lentejas, volvimos a Pokhara a coger fuerzas, tres días seguidos comiendo entrecot de Yak y de nuevo en ruta. India me esperaba con su festival más importante, Diwali.

¡Gracias a todos mis compañeros de viaje por las fotos!

Cruzando el Himalaya I

Hace meses que volví a casa y hasta ahora no he podido mirar las fotos ni pensar en actualizar el blog, la adaptación no es fácil y pensar en el viaje no ayuda mucho. Por otro lado no quiero dejar el blog sin finalizar así que aunque sea con carácter retroactivo, me propongo hurgar en el baúl de los recuerdos para contaros el desenlace de semejante aventura. Además como bastante gente me escribe preguntándome sobre qué llevar, visados etc, intentaré ir abriendo nuevas secciones.

Como os podréis imaginar en el Himalaya no hay internet y aunque parezca sorprendente, India tiene una de las redes más lentas que he visto, además de que los sitios con wifi son prácticamente inexistentes. Ese fue el punto en el que desistí y dejé de escribir, por lo tanto, ese será el punto en el que lo retomaré.

En Pokhara (Nepal), me separé de Flo, mi compañero de viaje de los últimos meses, él se fue a India con la intención de volver a Europa por tierra y yo cogí el autobús en dirección a Beshisahar, el inicio del trekking del circuito de los Anapurnas.
Me esperaban semanas de caminar 8 al día, iba sola y no sabía muy bien la dificultad de lo que me esperaba. Decidí llevar una bolsa muy ligera con lo estrictamente necesario, de todas maneras tampoco tenía mucho equipo. En total menos de 30l.
La gran duda vino al final, sabía que los paisajes iban a ser increíbles y las imágenes únicas, pero mi cámara pesaba más de 4 kilos, casi lo mismo que el resto de la bolsa. Fue una drástica decisión y por primera vez en 9 meses me separé de ella. Crucé los dedos esperando que algunas semanas después todavía estuviera allí, y la dejé con el resto de mi equipaje en la Guest House en Pokhara.

Según la Lonely Planet el camino de entre Besishahar y Bhulbhule no vale la pena y es mejor hacerlo en autobús (por llamarlo de alguna manera). Hice caso a la recomendación y 3 minutos después el cobrador me informó que el precio del billete eran 200 rupias en lugar de lo que tenía que haber sido 30. Fiel a mis principios, me subí al techo bajé mi mochila y puse un pie delante del otro, total sólo me iba a llevar un par de horas. De nuevo discrepé con la famosa guía, el camino era bonito y agradable. No me preguntéis como pero, para variar, me perdí. Eran las cinco de la tarde, faltaba media hora para anochecer y no tenía ni idea de donde estaba. Por suerte la médico de la zona, quien cada día recorría kilómetros a pie de poblado en poblado, se apiadó y me guió por empinados senderos. Llegamos de noche cerrada, negocié cama gratis a cambio de comer en la casa y una hora después ya estaba con Casimiro.

Los siguientes días caminé sola, llevaba meses compartiendo las 24 horas, así que agradecí el silencio y disfruté de los paisajes. Sola es un decir, el camino está bastante transitado y conoces a todo el mundo que está dos días por detrás o por delante de ti. Sobretodo al inicio del circuito no pasa una hora sin que encuentres un alojamiento, eso sí un cubo de agua helada, un camastro y Dal bath es todo lo que has de ser capaz de necesitar.
Los precios son desorbitados comparado con el resto del país, pero hay que tener en cuenta que todo se sube con porteadores o en burro y que ese es el único sustento de la zona (creo que me había hecho demasiado a Asia, en ese momento me parecían un escándalo y ahora en Europa, con eso no pago ni el autobús).

Llevaba horas caminando debajo de la lluvia cuando vi una choza, paré y allí estaban una pareja de Murcia, hacía meses que no me encontraba con ningún español así que me quedé hablando con ellos. Ginesa y Juan eran encantadores, les apasionaba la montaña y habían decidido pasar allí sus vacaciones. Pasamos por bosques, pedreras, pueblos, glaciales, prados… en pocos kilómetros se daban todas las estaciones. Se nos unieron por el camino Jorge y Telia, entre todos me hicieron sentir en casa. Gracias a ellos tengo millones de fotos increíbles que me devuelven a ese gran momento de mi viaje.


  • Ahora estoy en…

    Barcelona, de vuelta a casa

  • Por países…